
Lucas Pérez es ese alumno que borda los exámenes de junio y que en el primer control de repaso del curso saca otro 10. Se ha debido tirar todo el verano retando a sus amigos en la playa con un balón de Nivea (perdón por la publicidad, pero es que un balón de Nivea es un balón de Nivea)."Ponte, ponte, que te tiro unos tiros", diría él hasta el hartazgo del colega al que le tocase el papel de portero, el que no paraba ni una y tenía que irse a por la pelotita donde la zurda del gallego y el viento de levante quisieran.
Porque a Lucas no se le ha olvidado marcar ni el oficio de delantero, ese que incluye entre sus funciones la de ser pícaro y provocar situaciones como la del penalti de la victoria blanquiazul. La ecuación es sencilla: Un balón que vuela al área, un delantero que ve con el rabillo del ojo la aparición del defensa, Juncá en este caso, y que cambia su habitual dureza en los choques por la estabilidad de un castillo de naipes para caer derribado en cuanto nota el aliento del rival. Y, claro, el elemento que hace funcionar el experimento es un árbitro que pica, como picó Melero López. Penalti y gol en el 87' para dejar el Deportivo como primer líder del primer día de la primera jornada de Liga. Que sí, que puede no ser nada, pero dormir con un liderato es mejor que dormir solo.
Al Eibar se le había puesto todo de cara. Sin hacer un fútbol maravilloso y con más arranques de velocidad que combinaciones de juego, estaba por delante en el marcador en el ecuador de la segunda parte. Sobre la primera haremos circular un silencio del que sólo saldremos para justificar su pobreza con las fechas que son y el calor y las mareas, o lo que sea. El caso es que ganaban los de Mendilibar, con un Bebé que se ha hecho dueño de las acciones a balón parado desde el día 1 (a la espera de la titularidad de Pedro León) y que puso un córner a la cabeza de Ramis, que aprovechó un agujero negro entre las manos de Lux, que se lanzó a atrapar un gato en el primer palo y no lo cogió.
No se incomodó el Depor ni con los primeros silbidos de la temporada. Alguno se puso nervioso demasiado pronto al ver el marcador. Mosquera, en una acción que le define, empató en el 70'.Una falta que se largaba al olvido fue el germen del gol. El centrocampista tiene dos cosas fundidas en los genes: la calidad y la pelea hasta el segundo después del armisticio. Por eso confió en llegar a ese balón y por eso puso el pie de tal forma que su remate se durmió en el palo contrario antes de besar la red.
El gol espoleó a Riazor y al Depor, que encontró en el invento de Lucas el broche perfecto a la primera noche del curso. Es verano y las noches todavía tienen magia. Magia y meigas y el Depor líder de Primera.
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